Peritos, testigos y alegatos finales tensan el juicio por el crimen de Nohales

Juicio en la Audiencia Provincial de Cuenca contra un hombre acusado de asesinar a su expareja en la pedanía conquense de Nohales, e intentar asesinar a la pareja de ésta en Cuenca, en abril de 2022 - EFE/Álvaro del Olmo
La tercera sesión cerró el análisis pericial y documental y dio paso a los informes finales, en los que la acusación rechazó que el acusado actuara por un “arrebato” y defendió que acechó y atacó con alevosía; la defensa insistió en la adicción a la cocaína, en la ausencia de dolo y en las contradicciones del superviviente.

El juicio por el crimen machista de Nohales, que se celebra en la Audiencia Provincial de Cuenca, vivió este miércoles una intensa tercera jornada centrada en el análisis pericial, la prueba documental, la segunda declaración del acusado, C.B.R., y la presentación de los informes finales con los que las partes dan por concluidos los trabajos ante el jurado. Las posiciones de acusación y defensa se mantienen en tensión, profundizando en las enormes divergencias que ya marcaron las sesiones anteriores, cuando declararon familiares, testigos y el superviviente del ataque perpetrado en abril de 2022.

Alegatos finales: la acusación rechaza el “arrebato” y subraya la alevosía

La Fiscalía pidió al jurado que no considere que el acusado actuó movido por un arrebato, defendiendo que su comportamiento fue deliberado y ejecutado con alevosía. El fiscal reprochó al acusado su “falta de colaboración” en el juicio, más allá de la declaración limitada a preguntas de su defensa, y destacó el quebrantamiento de la orden de alejamiento, así como el allanamiento de morada, ambos —sostuvo— “sobradamente acreditados”.

El fiscal instó a los miembros del jurado a preguntarse si existió ánimo de matar, recordando que el acusado exteriorizó sus intenciones tanto ante su familia como al irrumpir en la vivienda, donde, según el superviviente M.C., gritó: “Os voy a matar”. Recapituló que el procesado habría permanecido “acechando” en la casa hasta encontrar el momento oportuno para atacar con un cuchillo y por sorpresa, impidiendo cualquier opción de defensa.

El Ministerio Fiscal mantuvo la solicitud de aplicar el agravante de género, al considerar que la víctima fue asesinada “porque el acusado la consideraba de su propiedad”, y pidió explícitamente que el jurado no atenúe la pena aplicando un arrebato.

La acusación particular que representa a la familia de la fallecida se adhirió al informe fiscal, aunque lamentó el “retardo en la acción de la justicia”, que, a su juicio, podría acabar beneficiando al procesado. Criticó igualmente que las instituciones de protección no actuaran “con mayor contundencia”, recordando que la víctima tenía una orden de protección en vigor y que cuatro días antes del crimen el sistema VioGén había establecido que existía riesgo bajo.

La letrada reconstruyó la relación entre ambos —iniciada en la adolescencia— y señaló que la víctima quedó “impuesta” a cuidar de una persona que la controlaba y vigilaba. Añadió que el acusado habría dejado la puerta del coche abierta para facilitar su huida, y destacó la imposibilidad de defensa de las víctimas frente a un ataque con un cuchillo de 18 centímetros.

La acusación particular en representación de la Junta subrayó que los hechos han quedado acreditados y que no existe duda de que el acusado “acudió a matar”, negando que estuviera afectado por drogas o que actuara bajo un episodio impulsivo.

La defensa cuestiona al superviviente y sostiene que no hubo intención homicida

La defensa reconoció que existió un “horrendo crimen”, pero pidió al jurado que se ciñera estrictamente a los hechos probados, sin condicionarse por simpatías hacia las partes. Criticó los “escasos recursos” con los que ha trabajado y que, en el juicio, se haya cuestionado la profesionalidad del peritaje encargado por ellos.

El abogado insistió en que no se ha profundizado adecuadamente en la adicción a la cocaína del acusado —“un gramo diario”, recordó— y cuestionó que “nunca se haya puesto en duda” la declaración de M.C., el superviviente, señalando supuestas contradicciones. Reprochó que M.C. negase el forcejeo que, según los primeros agentes que acudieron a la finca, sí se produjo. También puso en duda el relato sobre la secuencia de puñaladas, afirmando que “faltan seis cuchilladas” en su narración.

Afirmó que C.B. era “un pobre enfermo de la droga” que incluso llegó a robar en su trabajo y en la hucha de sus hijos. Recordó que ingresó voluntariamente en Proyecto Hombre con la “loable” intención de recuperarse para su familia. Rebatió que el acusado quebrantara la orden de protección antes del crimen y defendió que sufrió un “shock pasional” al ver a quien aún era su esposa según el convenio de divorcio.

La defensa también puso el foco en que el sistema VioGén hubiese valorado el caso como de riesgo bajo, y lanzó dudas sobre si el acusado sabía que su expareja estaba en Nohales. Insistió en que su cliente acudió a la vivienda solo con intención de robar algo de valor para consumir droga.

Sobre el intento de suicidio del acusado, recordó que logró sobrevivir porque la ambulancia que iba a atender a otra persona se equivocó y llegó antes a él. Cuestionó igualmente la proporcionalidad de las penas reclamadas por las acusaciones y destacó que, según la primera declaración de M.C., la amenaza “te voy a matar” iba dirigida a la mujer, no al superviviente.

Peritos de la defensa: lesiones “de defensa” y ausencia de intención homicida

La mañana comenzó con los peritos citados por la defensa, especializados en valoración del daño corporal. Ambos afirmaron que las heridas de M.C., superviviente, son compatibles con “lesiones de defensa”, que no afectaron a órganos vitales y que, a su juicio, “no evidencian intención de matar”. Indicaron que no existió ninguna estocada dirigida a causar un daño mortal y precisaron que no exploraron personalmente a la víctima.

Otro sanitario declaró sobre el estado del acusado al llegar a Urgencias tras los hechos, confirmando que presentaba heridas en tórax y abdomen causadas por autolesiones.

Secuelas en los hijos y maltrato psicológico previo

Entre las testificales destacó la intervención de la profesional de la Oficina de Atención a Víctimas que atiende a los hijos de la fallecida. Describió secuelas a largo plazo derivadas del trauma. También corroboró que la víctima ya verbalizaba una situación compatible con maltrato psicológico meses antes del crimen, cuando existía una orden de protección.

Adicciones, control emocional y pruebas toxicológicas

El responsable de la Unidad de Conductas Adictivas detalló las dificultades del acusado para controlar su adicción a la cocaína, así como la medicación prescrita. Otros técnicos informaron sobre los análisis toxicológicos incorporados a la prueba documental junto a estudios de ADN obtenidos en la vivienda y en el cuchillo.

La defensa cuestionó el retraso en los resultados de ADN, disponible solo a comienzos de este año, que los técnicos atribuyeron a la carga de trabajo del laboratorio nacional.

Llaves copiadas, testigos renunciados y reconstrucción de movimientos

Declaró también el responsable de la tienda donde el acusado copió las llaves de la vivienda de Nohales el 18 de septiembre de 2021, dato clave para la reconstrucción de los movimientos previos al crimen. La defensa renunció a tres testigos previstos para la sesión.

El acusado declara de nuevo: arrepentimiento y lagunas de memoria

C.B.R. volvió a declarar, respondiendo solo a su defensa. Aseguró estar “súper arrepentido” y pidió perdón a familias y víctimas. Atribuyó su recaída al consumo de cocaína tras una comida familiar y afirmó que fue a Nohales en busca de “algo de valor” para comprar droga. Sostuvo que “en ningún momento” tuvo intención de matar a M.C.

No recordó haberle asestado cuchilladas y admitió dos puñaladas a su expareja, tras las que la vio caer “pensando que ya no estaba”.

Jornadas previas: la irrupción armada y los testimonios familiares

En la segunda jornada, el superviviente M.C. declaró que el acusado irrumpió gritando “Os voy a matar a los dos” y lo atacó a cuchilladas, especialmente en las piernas. Sobrevivió porque una de ellas impactó en la escápula.

Las hermanas y la madre del acusado describieron su estado como “ido”, “poseído” y fuera de sí, relatando episodios previos de deterioro emocional y adicciones. La propietaria de la vivienda explicó que la relación de pareja era “muy mala”, con seguimiento, amenazas y miles de llamadas.

Los agentes de la Guardia Civil detallaron los movimientos del acusado aquella noche y las pruebas biológicas recogidas que lo situaron acechando a la víctima.

Dos relatos irreconciliables

El jurado —cuatro hombres y cinco mujeres, más dos suplentes— deberá valorar dos versiones opuestas:

• Acusaciones: crimen planificado, ejecutado con alevosía y con la intención de matar. La Fiscalía solicita hasta 40 años de prisión y rechaza el arrebato.

• Defensa: actuación bajo grave alteración mental derivada de adicciones, sin dolo homicida, y contradicciones esenciales en la declaración del superviviente.

El juicio queda visto para sentencia, a la espera de que las partes presenten sus conclusiones formales y el tribunal del jurado se retire a deliberar.