miércoles 18.09.2019

La renuncia de Pablo Iglesias a ser ministro del Gobierno de España, entre bambalinas

Pero la estrategia de renunciar a ser ministro no estaba decidida desde un principio, aunque Pablo Iglesias -que aspiraba a vicepresidente- lo contemplaba como un paso final que, en cualquier caso, le hubiera gustado no tener que dar
La renuncia de Pablo Iglesias a ser ministro del Gobierno de España, entre bambalinas
La renuncia de Pablo Iglesias a ser ministro del Gobierno de España, entre bambalinas

La decisión de dar un paso al lado no debió ser fácil para el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que de antemano no tenía la decisión tomada, según sus colaboradores, y se decantó por asumir el veto de Pedro Sánchez tras conversar con sus asesores y escuchar el consejo de la expresidenta brasileña Dilma Rouseff.

Según ha confirmado a Efe el entorno del secretario general de Podemos, en cuanto Pablo Iglesias escuchó al presidente en funciones el jueves verbalizar que él era el "escollo" para una coalición, vio que ese era el guante definitivo al que había que agarrarse para que fructificase un acuerdo.

Pero la estrategia de renunciar a ser ministro no estaba decidida desde un principio, aunque Pablo Iglesias -que aspiraba a vicepresidente- lo contemplaba como un paso final que, en cualquier caso, le hubiera gustado no tener que dar.

El jueves por la tarde sus colaboradores montaban en cólera por la ofensa a su secretario general, pero Pablo Iglesias, según su entorno, estaba tranquilo y también satisfecho porque tras dos meses y medio de vacilaciones Pedro Sánchez recuperaba en la recta final del camino su idea inicial de construir una coalición con Unidas Podemos.

Y con el objetivo de sentar a Podemos en el Consejo de Ministros se presentó Iglesias el 28 de abril a las elecciones.

El líder de la formación morada intuyó que tenía que dar un paso atrás tras escuchar a Pedro Sánchez, pero hubo varias señales que le empujaron a apuntalar una decisión que rechazaba parte de su núcleo duro, partidario de no ceder ante la afrenta del PSOE.

Uno de esos recados fue el que le remitió ayer viernes la expresidenta brasileña Dilma Rouseff -de quien fue colaborador su actual jefe de gabinete, Pablo Gentili- que le sugirió ceder para no convertirse en el centro de las dianas por someter al país al bloqueo político.

El secretario general estuvo analizando por la mañana los distintos escenarios sobre cómo y cuándo anunciar el gesto, porque, según han explicado a Efe fuentes de la cúpula, se barajó retrasar la renuncia hasta tener atado un compromiso del PSOE de que no habría más vetos.

Pero el paso, finalmente, se dio sin pacto previo, en base a la oferta de que sin Pablo Iglesias todo se podría negociar, y se gestó a mediodía en una reunión con sus colaboradores en el Congreso de los Diputados.

Pese a que hay sectores que aún recelan de que los socialistas quieran en realidad un acuerdo, no solo la dirección, sino también los socios de las confluencias y la militancia aplaudieron la decisión del secretario general.

Frente al personalismo del que le acusaba al PSOE, explicaba a Efe uno de los dirigentes de las confluencias con las que concurrió Podemos a las generales del 28 de abril, Pablo Iglesias se presenta ahora como un ejemplo de humildad y, lo que es más importante -según este relato- deja al PSOE sin margen para justificar otra ruptura.

También el líder de IU, Alberto Garzón, aplaudió ayer la decisión "valiente" e "inteligente" de Iglesias de apartarse para favorecer un acuerdo con el PSOE que, según esta formación de izquierdas, tiene que estar "basado en el programa" y no en la entrada en el Gobierno.

Porque aunque Alberto Garzón ha llevado con discreción que su posición es distinta a la de su socio, sí ha dicho claramente que para él lo importante era poner en marcha políticas ambiciosas y claramente de izquierdas, y no formar parte del gobierno.

En cualquier caso, si a Pablo Iglesias la jugada le sale bien, podrá demostrar que, como él pensaba, es posible tener más capacidad de influencia con menos diputados. Pero aún quedan cinco días para la segunda votación y hay tiempo para que la escena dé una nueva vuelta de tuerca.

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