El diálogo entre PSOE y el PP de Feijóo no cristaliza aún en grandes pactos

En el primer mes de Feijóo como líder de la oposición, el Gobierno y el PP han reconstruido los puentes rotos que dejó la etapa de Pablo Casado y han retomado el diálogo, que permanecen abiertos pese al desacuerdo en economía y la inclusión de partidos como EH Bildu y ERC en la comisión de secretos oficiales del Congreso
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, momentos antes del encuentro que han mantenido este jueves en Moncloa
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en su encuentro en Moncloa

Pese al no del PP a la convalidación de las medidas anticrisis del Gobierno de Pedro Sánchez, la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la presidencia de los populares ha supuesto un cambio en la relación con el PSOE, tanto en el tono como en la reactivación del diálogo, sin grandes pactos aún pero con acuerdos en temas como el voto rogado.

En el primer mes de Feijóo como líder de la oposición, el Gobierno y el PP han reconstruido los puentes rotos que dejó la etapa de Pablo Casado y han retomado el diálogo, primero con una reunión de los líderes en Moncloa y después con dos canales de comunicación, en Justicia y en Economía, que permanecen abiertos pese al desacuerdo en economía y la inclusión de partidos como EH Bildu y ERC en la comisión de secretos oficiales del Congreso.

El PP ha rechazado esta decisión, pero mantiene la voluntad de pactar y argumenta que es el Gobierno quien debe elegir si mira hacia el centro, hacia los populares, o si continúa de la mano del bloque de investidura. Argumentan que si Sánchez pacta con EH Bildu es porque quiere, no porque no le ofrezcan alternativas.

Como ejemplo, aluden al plan anticrisis donde, según fuentes de la dirección, estuvieron abiertos a la abstención hasta el final -de lo que el Gobierno desconfía-, pendientes de una llamada para negociar que no llegó porque Sánchez optó por Bildu.

El no del PP ha sido celebrado por perfiles duros, como el de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que sostuvo que "donde esté ETA es mejor no estar".

En todo caso, las vías de comunicación continúan en Economía entre la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y el vicesecretario de Economía del PP y consejero andaluz, Juan Bravo, y en Justicia, con interlocución entre el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y el vicesecretario de Institucional del PP, Esteban González Pons.

Aunque en economía el PP ya ha fijado su propuesta, recogida en un plan que incluye rebajas de impuestos por debajo de los 40.000 euros, ayudas directas o racionalización del gasto, en Justicia el PP busca negociar sin líneas rojas y fuera del foco, sin hacer públicas sus posiciones de partida.

Así, el PP no sostiene ya las posturas de máximos de Casado, que para renovar el Consejo General del Poder Judicial exigía una reforma de su sistema de elección para que la mayoría de los vocales sean elegidos de forma directa por los propios jueces y, como pista de sus demandas, ha aludido a la Unión Europea, que pide que al menos la mitad del órgano sea elegido de forma directa por los magistrados.

Más allá de este gran pacto pendiente, PSOE y PP sí se han puesto de acuerdo para derogar la necesidad de los españoles que viven en el extranjero de rogar su voto o en el decreto para reforzar la transparencia de la Casa Real, un asunto donde la coordinación existía también durante la etapa de Casado, aunque no trascendió públicamente.

El cambio es por lo tanto evidente en comparación con la etapa de Casado, que resolvía buena parte de sus diferencias con el Gobierno abriendo frentes judiciales, pero la rivalidad entre el PSOE y el PP continúa.

De hecho, el PSOE afirma que el PP "sigue siendo un partido podrido por la corrupción", por los polémicos contratos para la compra de mascarillas suscritos por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, y no se fía del perfil "aparentemente moderado" de Feijóo.

Lo responsabiliza de haber "abierto la puerta a la ultraderecha" tras el pacto para gobernar en coalición con Vox en Castilla y León y dice que aunque "quiere parecerse a (Emmanuel) Macron, cada día se parece más a (Marine) Le Pen".

Por su parte, el PP centra sus críticas en dos frentes: el "debilitamiento del Estado" por los pactos del Gobierno con partidos independentistas como Bildu y, sobre todo, el ámbito económico, en el que culpan a Sánchez de hacer una gestión negligente, que comparan con la del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

El propio Feijóo acusó a Sánchez de "no tener corazón" por no querer hacer una bajada generalizada de impuestos y dijo que el Gobierno está "mucho más preocupado en confrontar con el PP que en solucionar la inflación".

Ataques cruzados con los que el PP y el PSOE tratan de consolidar a sus votantes y de convencer al electorado bisagra entre ambas formaciones, más próximo al centro.

Y aunque tanto el PP como el PSOE tienen predisposición para pactar los grandes asuntos de Estado, en el terreno electoral siguen alejados, sin que la opción de una gran coalición parezca viable, a pesar de que la etapa de mayorías absolutas es cosa del pasado y de que ambos necesitarán llegar a acuerdos.

Así, ante la proximidad de las elecciones andaluzas, y aunque el PP no cierra la puerta a reeditar sus alianzas con Vox, el partido de Feijóo ha pedido que gobierne la lista más votada, una propuesta que el PSOE no descarta abiertamente pero que considera "incoherente", ya que sostiene que los populares no la han respetado en los casos en que ellos no eran los beneficiados.

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