Miércoles. 01.03.2017
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Luis del Val
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06/01/17

Musulmanes cabreados

Musulmanes cabreados

El colectivo musulmán que reside en España se ha enfadado muchísimo con Esperanza Aguirre, porque en la conmemoración de la toma de Granada dijo algo tan políticamente incorrecto como que las españolas serían menos libres si aquí siguiera el Islam. Afirmación descortés, inoportuna, poco amable, y todo lo que ustedes quieran, pero no es una falacia, ni una mentira. Además de leer, uno tiene la manía, de vez en cuando, de viajar, y no he visto, ni he podido comprobar en ningún país musulmán que la mujer tuviera la libertad de la que goza y disfruta en España.

Recuerdo un viaje en avión donde, nada más despegar de un país musulmán de cuyo nombre no quiero acordarme, ante la puerta de los aseos se formó una fila de mujeres tapadas conforme a las reglas religiosas, a dos minutos del burka, y con abultados bolsos colgando del brazo. Y, cuando salían, como si tratara de un desfile de transformismo, lo hacían con indumentaria occidental, no digo con escandalosas minifaldas, pero con la ropa que suelen llevar las mujeres en Europa y América, sean católicas, anglicanas, protestantes o judías.

Las tres religiones monoteístas han sido machistas. Recuerdo, en mi infancia, acompañar a mi madre a misa, y, antes de entrar al templo, ponerse la obligatoria mantilla sobre la cabeza. Lo que ocurre es que el cristianismo rectificó muchos de los absurdos cánones y se modernizó racionalmente, mientras la mayoría de los pueblos musulmanes quedaron anclados en el pasado, creyendo que el cambio significa la pérdida de la fe. Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, ha permitido al cristianismo crecer dentro de sociedades laicas, mientras el Islam sigue en la teocracia.

El colectivo musulmán ha respondido a la descortés opinión de Esperanza Aguirre con citas de San Pablo que hace un par de siglos que no están vigentes. Me parece muy bien que se molesten, y están en su derecho, pero pretender que son los avanzados de la liberación de la mujer sobre el cristianismo, no es sólo una falacia evidente, sino ridículo. Sentir respeto por los musulmanes no significa aceptar todo lo que dicen y, mucho menos, cuando lo que dicen está bajo la influencia de un enfado.

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