Miércoles. 26.04.2017
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Fernando Jáuregui
08:35
20/03/17

Susanismo versus pedrismo

Susanismo versus pedrismo

López versus Sánchez y ambos frente a Díaz. Nada más español en este país de 'pobres Pepe Pérez', que es como se denominaba popularmente al hombre de la calle, que el combate de estos tres apellidos, tan hispanos, que designan a los tres candidatos, Patxi López, Pedro Sánchez y Susana Díaz, para hacerse con el control nada menos que del Partido Socialista. Una formación con ciento treinta y ocho años de historia, a veces lamentable, en no pocas ocasiones gloriosa, que no es la primera vez que afronta serias crisis internas, pero que ahora corre más riesgo que nunca de autoliquidarse. Porque son muchos los socialistas de relieve con los que he hablado en las últimas semanas que piensan que el proceso de elecciones primarias y el subsiguiente congreso van a tener un resultado malo, de fraccionamiento y de rencores no fácilmente superables.

Este domingo 26 irrumpe formalmente en escena Susana Díaz. La presidenta andaluza se lo ha pensado hasta llegar al golpe de efecto que congregará dentro de unos días a quizá algunos miles de seguidores, comenzando por algunos de los veteranos, llenos de condecoraciones por los servicios prestados, que llevan meses trabajando no sé si tanto en su favor como para impedir que Pedro Sánchez se haga con el control del partido fundado por Pablo Iglesias (Posse) en 1879. Porque todos recuerdan con horror los dos años largos en los que Sánchez permaneció al frente de la secretaría general y que concluyeron con lo que algunos, llegando casi hasta las lágrimas, recuerdan como 'el uno de octubre trágico' en la sede de Ferraz, que desde entonces nunca ha vuelto a ser la misma.

La verdad más verdadera es que Susana Díaz tampoco parece la opción ideal para la mayoría de aquellos socialistas de relieve con quienes he podido hablar (con otros lo he intentado, pero me han dado 'largas tácticas'). El caso es que un 'rey de la táctica', como el siempre calculador Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha embarcado en el apoyo a Díaz desde la sombra, aun sabiendo que, más allá de Despeñaperros, la lideresa andaluza es mucho menos lideresa. Y que en la propia Andalucía saben del mal funcionamiento de la Junta en no pocos aspectos, algo que quien suscribe ha tenido sobrada ocasión de comprobar. Una derrota de Díaz frente a, pongamos, Sánchez, tendría consecuencias desastrosas para su liderazgo andaluz; en ese sentido, ella es quien más se juega en estas primarias.

Claro que Díaz es la única que puede evitar males mayores, lo cual es algo que alegará como una de las razones para echarse al foso, que está lleno de leones. Y el peor de esos males es el regreso del 'pedrismo'. Porque Sánchez no se habla ya con ninguno de los 'barones' territoriales, ni con los veteranos (González, Zapatero, Abel Caballero, el propio Rubalcaba), ni con una parte de los medios de comunicación, ni, claro, con el Ibex. Así, ¿cómo pensar que el PSOE saldría indemne de su hipotética victoria en las urnas internas de mayo? Sobre todo, el tomase la mano que le tiende quien quisiera encabezar una moción de censura al Gobierno actual de Mariano Rajoy y ocupar, simplemente ocupar, el poder. Porque de programas atractivos de cambio he oído más bien poco. De sillones, bastante más.

Pero tampoco saldrá indemne de la prevista (prevista porque tiene mayoría en las federaciones más grandes, Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha) victoria de Díaz. Veremos qué parte de la militancia abandonaría en ese caso las filas del histórico PSOE para pasar a engrosar 'otras', o para abrazar ninguna opción y quedarse 'por libre'. Pobre izquierda española en todo caso, dicen, con falsa compunción, voceros de la derecha y del centro. Que saben que Pablo Iglesias (Turrión) no es alternativa para muchos que hoy siguen fieles a las siglas del PSOE.

Así que solamente el que 'a priori' parte como candidato 'menor', Patxi López, podría servir de nexo forzado de unión entre los dos candidatos favoritos. Muchos incluso de los dirigentes con los que he conversado últimamente ignoran qué fue aquello del 'pacto del Betis', el acuerdo que, en 1974, unió a los socialistas andaluces de Felipe González con los vascos de Nicolás Redondo, un pacto al que su unieron madrileños y catalanes, además de los asturianos, para derrocar a los 'históricos' en el exilio comandados por Rodolfo Llopis. Patxi López, el ex lehendakari y efímero ex presidente del Congreso, sí sabe lo que fue aquel 'pacto del Betis' que permitió el congreso refundacional de Suresnes en octubre de 1974, cuarenta y tres años ha. Y lo sabe... porque su propio padre, 'Lalo' López Albizu, hombre muy próximo al respetado Ramón Rubial, participó en aquello.

A mí se me antoja que Patxi, a quien algo injustamente se quiere presentar como una persona de menor relevancia intelectual, puede ser ese nexo de unión, posterior a la votación interna y quizá al propio congreso, entre unos y otros. Me refiero a la militancia, claro, porque con Pedro Sánchez los sentimientos negativos son demasiado fuertes, el recuerdo del pasado 1 de octubre está demasiado vívido, como para que pudiera integrarse, me parece, en equipo colectivo alguno.

Cierto es que el PSOE actúa una vez más con ánimo cainita, apartando a los mejores de los suyos: Ramón Jáuregui, el propio Javier Fernández, que, al frente de la gestora, ha podido hacer sobrevivir a la organización un poco a trancas y barrancas. O Abel Caballero, el alcalde más valorado por sus conciudadanos. La autoridad moral de los tres se alinea ahora con el 'susanismo', porque otra cosa piensan que acabaría con el partido que gobernó hasta 2011, y significaría un aliciente para 'el Podemos de Pablo Iglesias, que quiere cargarse lo que el otro Pablo Iglesias construyó', en frase de uno de los tres citados.

De ganar, ¿podrá, querrá, sabrá, Susana Díaz hacer una labor de integración y de política realista, apoyando al PP de Rajoy en lo que sea necesario, combatiéndolo en lo que sea aconsejable y alejándose de los cantos de sirena de Podemos? De momento, seguro que el domingo hace una llamada a la concordia y evitará meterse demasiado frontalmente con Sánchez, que es su peor enemigo, lo reconozcan ambos o no. Y luego están las ambiciones personales de algunos personajes de tercera fila que meditan cómo medrar el río revuelto (me hablan de cierto alcalde de un pueblo madrileño que...). A partir de ahí, ya digo: he oído demasiadas voces que, desde el desgarro, son augures de una catástrofe. Pero voces, al fin, a las que aún les queda un deje de esperanza, quién sabe en quién y en qué. Y para qué.

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