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Domingo Sanz
08:51
12/10/17

Limitación de mandatos y su contexto

Limitación de mandatos y su contexto

Absolutamente agotado tras 24 horas sumergido en el océano de confusiones en el que chapotean políticos y resto de influyentes tras los ocho segundos más complicados de la historia reciente del Parlament de Catalunya, busco en las pantallas la sentencia del dinero y compruebo que Puigdemont repite calificación, con notable. Supongo que los altavoces de la derecha, tan atentos siempre a lo financiero, no se hacen eco porque con ello desmontarían montones de declaraciones en las que se muestran más frustrados que la CUP por la suspensión de lo que no se ha proclamado.

El caso es que a mí me parece de lo más relevante que el Ibex35 haya respondido con una subida notoria al discurso de Puigdemont: durante los primeros cinco minutos se alcanzó el valor máximo de la jornada, con un incremento relámpago del 1,5% sobre el cierre del día anterior, que recuerdo fue a las 17:38 horas, como siempre. Tras la aparición de Rajoy, a las 12:15 horas de la mañana, la curva del selectivo se contuvo, cerrando finalmente con una subida menor, del 1,34%. Por tanto, se mantiene la confianza de los inversores importantes en las decisiones de Puigdemont, cosa que ya había ocurrido el jueves de la semana pasada cuando, tras hablar él, se recuperaron 2,51 puntos de los 2,84 que el día anterior habían salido huyendo tras las amenazas de Felipe VI.

En resumen, la economía real me ha liberado de la presión del mono tema. Más tranquilo me siento aún cuando recuerdo que la sociología, el barómetro del CIS de la semana pasada, me dijo que la muy alarmista noticia de que la preocupación por lo de Catalunya se había “triplicado” significaba en realidad que afectaba al 7% de los españoles, incluidos los catalanes, tan lejos de problemas como la corrupción, el paro y los de siempre, que han desaparecido de las portadas.

He sentido la necesidad de justificar el porqué no se llama Catalunya lo que estoy tecleando ahora. ¿O sí? Veamos que sale.

Cuando un debate va más allá de cuestionar que dos más dos sean cuatro conviene aplicar ese prudente aforismo que dice que casi nunca nadie tiene toda la razón y casi todos tienen casi siempre una parte, pido disculpas por el abuso de los “casis”. Pero en política, mundo en el que se discute hasta la más sencilla de las aritméticas, basta que una propuesta salga de un partido para que el resto la rechace, incluso a riesgo de hacer el ridículo.

Esto es lo que también ocurrió el martes pasado, día 10, pero no en el Parlament catalán, lo que significa que existen otros. Se debatió una propuesta de limitación de mandatos presidenciales presentada por el grupo de Ciudadanos en el Parlament Balear, que fue rechazada por PP, PSOE y MES, estos últimos nacionalistas de izquierdas, y recibió la abstención de Podemos y el PI, regionalistas de derechas. Se produjo, por tanto, una coincidencia política sorprendente en lo que más importa, el sentido del voto. Como probablemente sepa, los de Rivera están haciendo causa propia, y exclusiva de momento, de esta propuesta de reforma política.

A mí me parece que una mayor rotación de los cargos públicos, obligada por la limitación de mandatos, implicaría importantes beneficios para todos por igual, como cualquier ley. Citaré únicamente lo primero que me viene a la cabeza.

·         Me parece buena en sí misma para minorar dos peligros que proliferan sin pausa cuando el tiempo pasa sin caras nuevas: la tendencia al autoritarismo en cualquiera de sus apariencias y el cáncer de la corrupción, con sus distintos procedimientos para robarnos el dinero que todos aportamos al Estado. En ambos casos, las necesarias rupturas de los sobreentendidos y contubernios personalísimos que implican los cambios producen automáticamente sus saludables efectos.

·         También resulta indiscutible que la renovación de dirigentes a plazo fijo mejoraría las expectativas entre un número mayor de aspirantes, posibilitando igualmente que nuevos colectivos pudieran incorporarse a lo público, estoy pensando en las mujeres, y también en una juventud que, sin duda, abordaría las reformas con mayor osadía.

·         Si además de limitar mandatos a los presidenciables la norma se extendiera a otros niveles institucionales, no cabe la menor duda de que tanto el fortalecimiento a largo plazo de los partidos políticos y la dinamización de su vida interna estarían asegurados.

Busco posibles motivos de la negativa de los cinco partidos que citaba y se me ocurre que quizás sospechan que los futuros candidatos naranjas tienen previstas cirugías faciales para parecer otros siendo los mismos y así poder hacerle trampas futuras a la reforma que plantean ahora pues, de lo contrario, debo concluir que PP, PSOE y los demás coinciden en mantener los vicios más caducos de la vieja política. Las leyes que tenemos han envejecido muy mal y cualquier oportunidad de reformarlas debe analizarse leyendo los contenidos de las propuestas, y no solo identificando a los firmantes. Tan verdad es que la limitación nos ha robado a Obama como que Trump, si dura, solo podrá estar ocho años. No desesperemos, porque de don Donald ya nos queda un día menos.

Pero estaba seguro que antes de terminar tendría que volver al principio. Ciudadanos está proponiendo la reforma de la limitación de mandatos en diversas CC.AA. y creo que también a nivel estatal. No sé si lo han planteado en Catalunya pero, si lo hicieran, no me extrañaría que lograran un éxito importante y de gran calado político, en confluencia con los endemoniados independentistas. No creo que se pueda poner en duda que los partidos que quieren separarse de España estén siendo los que muestran los índices más atrevidos de relevo de dirigentes. Vea usted con qué facilidad Baños fue relevado en la CUP y Artur Más lo fue por Puigdemont. O como fueron capaces de romper la coalición CiU con tantos años de historia fecunda, o de cambiar el nombre a CDC por el de PdC.

A ver si va a resultar que los de Rivera son también partidarios de aquello que dice “al enemigo, ni agua”. 

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