Sábado. 21.10.2017
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Casimiro Pastor
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12/08/17

Dicen que se acabó la crisis

Dicen que se acabó la crisis

Tendemos a creer que no pasa nada, hasta que pasa. En nuestro país, estamos contemplando con cierta sorpresa (así nos lo hacen ver los medios de comunicación) el conflicto de los estibadores, en su momento, ahora el del aeropuerto de El Prat y alguno más… Ellos son la avanzadilla de lo que está por llegar. Hicieron falta pocas huelgas para que el gobierno implantara la llamada Reforma Laboral, que supuso la pérdida de golpe de los derechos que los trabajadores habían conseguido durante décadas, poco a poco. En realidad solo hizo falta que el Partido Popular ganara por mayoría absoluta.

Esa Reforma, que el gobierno “justificó” como necesaria para “crear” empleo, consiguió que se perdieran derechos sindicales, profesionales, se facilitara el despido, se redujeran los sueldos y se precarizaran los contratos. Todo ello, como consecuencia de la crisis, dijeron. Una crisis que no crearon los trabajadores, pero cargaban con las consecuencias. Sin Reforma Laboral, el gobierno también desligó la subida de las pensiones del IPC, con lo que los pensionistas ya pierden poder adquisitivo a velocidad de crucero.

Al señor Rajoy se le llena la cara de sonrisa y satisfacción indicando que ya se ha acabado la crisis, y los ciudadanos podemos creérnoslo o no. La señora ministra de empleo y seguridad social, doña Fátima Báñez, se atreve a afirmar en púbico lo que es una recomendación de la OCDE: que hay que subir los sueldos en España. Cierto, pues en lo que dependa del gobierno, ya pueden empezar; lo demás depende de las empresas. Si los sueldos aumentan, lo hacen las retenciones y los ingresos de la S.S. para pagar las pensiones y demás; la rueda de la economía se activa y el país funciona mucho mejor. Se sale de la crisis de verdad.

Si acabarse la crisis solo es que los empresarios estén ganando a niveles previos a ésta, pero esos beneficios no se derivan también a los trabajadores, como sujetos activos, estaremos abocados no solamente a un rosario de conflictos colectivos en aquellas empresas cuyos trabajadores los puedan llevar a cabo, sino al fracaso como país. La crisis no solo no habrá terminado, sino que se agravará y provocará consecuencias hoy por hoy insospechadas. Los actores principales, gobierno y agentes sociales, ya pueden ponerse manos a la obra porque se avecina un otoño caliente, más incluso que este verano de los incendios.

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